Cuando surge una nueva fuerza política, siempre aparece la ilusión de alcanzar una sociedad más justa y acorde a la realidad de los que la promueven, así como se intenta transmitir a los ciudadanos, la idea de un mundo mejor y más justo. Frecuentemente para ello, se emplean referentes próximos, para así hacer más creíble la idea, y porque no, despertar un sano sentimiento de envidia hacia los modelos ejemplarizantes. La idea de un partido político abanderado del galleguismo moderado, sentimiento latente en una gran parte de la sociedad gallega, no es nada nuevo, pues la historia de nuestra tierra tiene varios ejemplos al respecto. El último verdaderamente serio, lo encabezó aquella Coalición Galega del Sr. Franqueira, que casi toca el cielo sin apenas despegar. La avaricia humana, y las ansias de poder, dieron al traste con la idea, y con ello también la esperanza de una fuerza política que nos representara con criterios genuinamente gallegos. Pero cuando se cree ya que todo terminó, siempre aparece alguien, que aporta una nueva perspectiva, al tiempo que aparece en el interminable mundo de los líderes, uno nuevo que abandera el proyecto.
Es aquí, cuando desde una experiencia municipal personalísima del por aquel entonces alcalde de Naron, el Sr. Gato, irrumpe en el “mercado” Terra Galega, un partido galleguista, formado por los restos de aquella Coalición Galega, con el Sr. Padín al frente, y los “entusiastas” del mismísimo Gato. Un proyecto político condenado desde su gestación al fracaso, ya que para crear un partido político, hace falta algo más que dinero y la defensa del interés de unos cuantos.
Pero bueno, en un principio el proyecto produce un efecto ilusionante en los alrededores de Naron, que incluso llega a traspasar los límites provinciales de A Coruña y Pontevedra, tierras de cada uno de los “padres” de la idea. Un burdo engaño, para muchos ciudadanas/os gallegos, que estaban esperando a que alguien desde el “cielo” político, les enviase el maná, con el que calmar su hambre de identidad.
Aún no entendiendo el alcance del engaño, pienso que el mismo era obvio para muchas/os, evidenciándose que en aquellos puntos más cercanos a la “morada” de los patriarcas, su influencia sería mayor.
Por ello, no fue de extrañar que en la mal llamada comarca de Ferrolterra, (en esto si estoy de acuerdo con el Sr. Gato) se alcanzasen los resultados electorales más importantes para la nueva formación, siendo en el concello de Neda, en donde los resultados fueron más espectaculares, ya que desde la nada política, TEGA encabezada por un “hijo político” (como él manifiesta públicamente) del Sr. Gato, el Sr. Ignacio Cabezón, obtiene seis concejales, quedando por unos pocos votos a las puertas de alcanzar la mayoría absoluta. El discurso galleguista, el entusiasmo nacionalista, y la borrachera de la victoria, pronto dan paso a la realidad de quien era cada uno. El Sr. Gato, aprovecha su “triunfo”, para poner tierra por medio entre su figura, y el concello que dirigió durante más de veinte años. Con una estrategia previamente definida, y con el pretexto de intentar alcanzar un puesto y representación en las instituciones autonómicas, Diputación y Xunta. A sabiendas de antemano, de que su intento sería fallido, pues en las lides electorales tiene experiencia sobrada. Había cumplido su objetivo, que era lo mismo que dejar de ser “Objetivo” de los "disparos" de la oposición, y de los muchos “francotiradores sociales”, que se había ganado en los interminables años de ejercicio del poder absoluto en la octava ciudad de Galicia.
Con este fracaso en el “asalto” a las altas instituciones gallegas, llega lo que inevitablemente aparece siempre que las cosas solamente están avaladas por la ambición; la desunión y la traición. Se rompe Terra Galega, y con la ruptura se van al garete todas las ilusiones, se reniega del galleguismo, y se empieza una guerra fratricida que sume a TEGA en la desbandada y la huída descontrolada. Es en este momento, cuando aparecen los “hijos políticos” de los contendientes, que abandonan el cacareado galleguismo, y se pasan sin ningún rubor, a quizás la única formación política del espectro gallego, que arremete sistemáticamente contra el sentimiento nacionalista del pueblo gallego: el Partido Popular. Teniendo en Neda su exponente más destacado, al anunciar en el mes de agosto de 2010, su alcalde el Sr. Ignacio Cabezón su "fichaje" por el partido de la gaviota.
¿Estaría previamente definida la estrategia? No lo creo, aunque en una ocasión un dirigente del Partido Popular de Galicia me dijo: “Enrique algo debemos estar haciendo mal en el PP, porque no tenemos un “amigo” con quien pactar”. Aún reconociendo que esa es la realidad de los hechos, me es difícil creer, que pudiese existir una estrategia preconcebida para crear un partido “amigo” en aras del nacionalismo moderado. Más bien creo que fue la idea de algún “trepa”, que entendiendo lo que me decía el dirigente del PP, intentase crear la “novia” perfecta para un “matrimonio” de conveniencia.
Pero nos encontramos a las puertas de un nuevo proceso electoral.
Unas elecciones municipales, que aunque todo el mundo dice siempre que poco tienen que ver con la ideología de los partidos, yo creo que es algo que se dice, para esconder las puntuales “miserias” de los mismos en cada lugar. Pues los partidos en el sistema electoral de nuestro país, son los dictadores, que suben y bajan a las personas que desean optar a dirigir y conducir los destinos de una comunidad. Por todo ello, asistiremos como siempre, a una retahíla de descalificaciones y reproches, y por el contrario, nos quedaremos con las ganas de saber cuales son sus propuestas de futuro. El pistoletazo de salida dará pie a abrirse la veda del insulto, la mentira pertinaz, y para intentar como decía Joseph Goebbels que “Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad”.
jueves, febrero 24, 2011
XUNTOS POR NEDA


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